El producto es bueno, pero visualmente no termina de impactar.
Se invierte tiempo y dinero en el lanzamiento, pero la imagen no acompaña.
El mensaje está bien planteado, pero algo se pierde al mostrar el producto.
La campaña funciona, pero no transmite todo su potencial.
Visualmente no se siente al nivel de otras marcas comparables.
El producto se entiende mejor desde el primer vistazo.
El mensaje de la campaña gana fuerza visual.
El lanzamiento se percibe más sólido y coherente.
La imagen deja de restar y empieza a sumar.
La marca transmite el nivel real que tiene.

Una buena campaña puede quedarse corta si la imagen no está a la altura.